La dura realidad de los Centros de Día: “El dilema es seguir o cerrar”

Romina Cerquetti, Directora del Centro de Día “Viva la Vida”, ubicado en Morón, contó la difícil situación que viven quienes trabajan en los centros.

Continúa la lucha en el colectivo de las personas con discapacidad, este jueves se realizó un paro en todo el país con una marcha de antorchas, la cual se llevó a cabo bajo la consigna de “una luz para los derechos en discapacidad”. En esta ocasión, Romina Cerquetti, Directora del Centro de Día “Viva la Vida”, se refirió a la situación que viven quienes trabajan en estas instituciones.

“Lo que más necesitamos es que se haga visible la situación que viven las personas con discapacidad. Ellos tienen su traslado, su escuela y tratamiento, como por fuera de la sociedad, como si fuera un mundo aparte. Estas cuestiones de los pagos son invisibles a veces, incluso hasta para las propias familias. Los prestadores no queremos llevarles una preocupación más. Se naturalizaron cuestiones tremendas, entre este mes y el anterior ya llegaron a su tope, se hizo insostenible. Todos tienen que saber como se trabaja, la precarización que hay. El sistema nos pone en este dilema, seguir y aguantar como podemos o parar y mostrar lo que pasa”, dijo en Radio Búnker 94.9, en el “Tanke de Búnker” (lunes a viernes, de 10 a 13hs).

Cerquetti, contó cuánto tiempo lleva la lucha de los prestadores: “El sistema de pagos cambió en 2016, pasó a llamarse Sistema Único de Reintegro. En el mismo, un profesional, sea autónomo, una institución o transportista; realiza su prestación, hace su factura en los primeros días del mes siguiente y lo presenta a la obra social. La obra social tiene 60 días para presentarlo en la superintendencia. Ésta la va a evaluar y otorgar el pago a través de la AFIP, alrededor de 60 días, y la obra social debe procesar ese dinero y transferirlo al prestador. La cadena es muy larga, cobramos de forma natural, y si todo sale bien, entre 60 y 90 días. Con lo cual, en un país como este que tiene un índice de inflación que hay, es muchísimo cobrar en ese tiempo. Algunas obras sociales están por fuera de este sistema, y tardan todavía más”.

“Nos encontramos mucho más ajustados. No es que todos cobramos tal dinero, la situación empeoró mucho más en agosto, teníamos que cobrar lo de junio y llegaron los rumores de que no se iba a pagar. La superintendencia hacía los depósitos en los primeros 15 días, después nos dijeron a partir del 20, y llegó ese rumor. Con lo cual, hicieron un comunicado diciendo que iba a ser una primera quincena de septiembre, todos estábamos con los pelos de punta. Nosotros tenemos que comprar la comida de los chicos, los materiales, pagarle a profesionales, los servicios y tributar. Es como estar trabajando siempre a pérdida”, agregó.

“Es muy difícil de sostener un centro con tanto tiempo de retraso, ni hablar de las interrupciones. En septiembre tendríamos que estar cobrando lo de julio, y sin embargo no hay noticias. Encima está la perversión de sacar un comunicado diciendo que está todo bien, diciendo que hay un formulario para completar. Todos los días apostamos a esto porque es el trabajo que nos gusta, disfrutamos y nos vemos gratificados con los resultados y vincular, tiene mucho de afectivo. Si no hay afecto, no va a funcionar. Pero, tenemos que ir reduciendo gastos, paseos, porque todo cuesta”, señaló con respecto a la situación de los centros.