LA PANDEMIA COMO OPORTUNIDAD ¿QUÉ MODELO DE PAÍS QUEREMOS?

Pasados 100 días del inicio de la cuarentena, una invitación a reflexionar pensando el día después de la pandemia.

Mucho se ha hablado sobre las posibilidades que aparecen a raíz de las crisis. Es por eso que el deseo más profundo que puede aflorar en medio de esta pandemia es que la misma sirva como oportunidad. Que la enseñanza para todos sea aprender, sobre todo, a no mirar siempre nuestro propio ombligo, a dejar de jugar nuestro destino a la marchanta y empezar a trabajar en la búsqueda del país que la gran mayoría desea. Sin odio, rencores ni revanchismos inútiles, con un mayor componente de trabajo e inteligencia y una incidencia menor del azar.

Han pasado ya un centenar de días desde que comenzó el aislamiento. Con mayor o menor rigurosidad y distintos tipos de fase, lo hemos sobrellevado logrando así aminorar la cantidad de víctimas y eso no hay que dejar de remarcarlo. Pero quisiera detenerme en las decisiones que se han tomado desde la política y pensarlas más allá del Coronavirus.

Dentro de las medidas que el gobierno ha adoptado para tratar de mitigar el efecto de la pandemia en nuestro país hay algunas decisiones que debieran pensarse en el largo plazo y como política de Estado como por ejemplo los créditos a tasa 0 y el IFE que podría reversionarse.

Sobre el primero, es algo necesario no solo en épocas de crisis sino como herramienta para emprendedores y comerciantes que siempre, no solo ahora como quieren hacer creer algunos, han sido los que más han sufrido y que son quienes generan una buena porción de los puestos de trabajos.

LA CULPA LA TIENE LA PANDEMIA

Una decisión como la mencionada, para financiar los emprendimientos, que pueda estar acompañada con una política creativa y activa que persiga la inclusión de todos los actores de la economía en la formalidad también sería un camino lógico para una reducción de impuestos en los sectores más castigados que sin dudas tendría como efecto rebote en el futuro una mayor recaudación y una menor pobreza.

El ingreso familiar por emergencia (IFE) también es otra de las medidas que debiera llegar para quedarse. En varios países y sobre todo algunos movimientos políticos han planteado esta posibilidad y bien podría ser el sostén de muchas familias a la vez que se siguen reactivando otras áreas y sectores como los tan mencionados comercios de cercanía. Un ingreso ó salario universal.

La salud, ahora pareciéramos darnos cuenta, tiene un papel fundamental para el funcionamiento de un país o Sociedad. En 100 días, se ha duplicado el número de camas de terapia intensiva, empezaron a fabricarse respiradores y se ha hecho una importante inversión en materiales de trabajo para el personal sanitario, entre otras cosas.

Ese incremento y todas las mejoras debieran ser continuas e ininterrumpidas por una buena cantidad de años ya que ha quedado evidenciado que sin pandemia, tampoco era un sistema que funcionara.

La ciencia y tecnología, inevitablemente, será la impulsora de la cura de Covid-19 y por eso debe tener un lugar preponderante a la hora de repensarnos como país pos pandemia si querés estar preparados para otros eventos similares o bien para continuar un trayecto que es propio del paso de los años.

He escuchado hablar mucho de miedo pero poco de culpa. Es posible que la forma de hacernos quedar en casa para cumplir con el aislamiento tenga un componente como atemorizar implícito pero también puede llegar a ser un sentimiento genuino de quienes toman decisiones y elijo pensar que ese miedo los ha hecho elegir el mejor camino. Solo al principio de la pandemia, cuando realmente no se tenía una real dimensión del alcance que podía llegar a tener se vio un accionar impuro, propio de lo peor cara de la política como fue el sobreprecio en alimentos y barbijos que no distinguió bandería política. La culpa, hoy significan montones de muertes evitables.

Llega la mención a la justicia que es otro de los sectores que necesita un profundo cambio. Los beneficios de trabajar en el sector suponen un nivel de exigencia y celeridad mayor a la hora de tomar definiciones. Son un eslabón fundamental en el engranaje de un sistema democrático. Por supuesto con la independencia que esta debe tener. También podríamos ligar esta cuestión a la seguridad aunque estoy convencido que tiene mucho que ver con el conjunto de todo lo anterior. Una buena política de estado desalienta a quienes quieran ir por fuera de la ley.

Entre las situaciones que el coronavirus ha desnudado, no quiero dejar de mencionar el déficit habitacional. Los ahora llamados “barrios populares” han expuesto crudamente una problemática que lleva décadas sin resolverse y que es hora de atender. En todos los sectores, el acceso a la vivienda debe ser una posibilidad concreta y no una aspiración que se va disolviendo con el correr de los años. El acceso al crédito y la urbanización son un camino que habrá que recorrer de manera urgente.

Pero la “nueva normalidad” necesitará de mucho esfuerzo y trabajo pero sobre todo de gestos. Si este texto obrara como manifiesto, incluiría también un impuesto a la riqueza excepcional para poder reactivar el funcionamiento, algo que aun no se ha llegado a debatir pero que más temprano que tarde tendrá que ser parte de las medidas. El congelamiento de los salarios de los funcionarios y legisladores por espacio de dos años cómo mínimo, sería otra de las señales de que se puede ser mejor si aprendemos de errores y nos hacemos fuertes en la desgracia. Con hechos, no solo con palabras está claro.

A su vez, una optimización del Estado para lograr una mayor eficiencia independientemente de su tamaño que es otra discusión que tal vez en otro contexto tendría sentido pero ahora debe ceñirse a mejorar el aparato estatal para que funcione de forma óptima y no sea un cúmulo de burocracias. Dicho sea de paso, esto último fue lo que también desnudó la pandemia. Varias de las medidas que se tomaron y que perseguían una buena finalidad no pudieron cristalizarse por cuestiones como bancarización o informalidad.

Por Christian Basile

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