EL NOCTURNO DEL CHACABUCO CERRÓ Y UN DOCENTE ESCRIBIÓ UNA EMOTIVA CARTA

Un profesor de la escuela técnica escribió unas palabras referidas al triste final del bachillerato nocturno para adultos, tras 70 años de vida.

“Estoy orgulloso de haber sido durante treinta años docente en el Bachillerato Nocturno del Chacabuco, la secundaria pública más antigua del partido de Morón”, así arranca la carta en la que Carlos Birocco relata el último tramo de la escuela industrial de Morón.

Luego de repasar parte de la historia de una de los institutos más famosos del distrito, que nace en 1944, El docente llega a la parte más triste del relato: “Tuve el triste privilegio de ser el único profesor que estuvo presente cuando el director tuvo que comunicarles a los estudiantes de primer año que su curso se cerraba para siempre”.

La ordenanza, aclara Birocco en su muro de Facebook, “no admite apelación” y agrega que se ordenó el cierre progresivo del Bachillerato para adultos, cuestión por la que los alumnos se tuvieron que ir del edificio sin recibir clases.

Finalmente, el profesor de una prestigiosa carrera dentro de la escuela, cierra su misiva asegurando que “ese día va a ser recordado como uno de los días más tristes de la historia de nuestro querido Morón”.  

Lee la carta completa:

“Estoy orgulloso de haber sido durante treinta años docente en el Bachillerato Nocturno del Chacabuco, la secundaria pública más antigua del partido de Morón. La historia del Chaca (el “industrial de Morón”, como le decían cuando yo era chico) se remonta a 1944: en abril de ese año se abrió con el nombre de Escuela de Capacitación nº 65, que funcionó a contraturno en las aulas del antiguo edificio de la Primaria Nº 1. Durante cinco años fue una escuela nocturna en que se dictaban los “Cursos de perfeccionamiento obrero”, un ciclo secundario de tres años con cuatro especializaciones: Carpintería de Aviación, Telecomunicaciones. Ajuste y Tornería, y Mecánica Textil y Tejeduría. La mayor parte de sus alumnos eran muchachos venidos del interior, que trabajaban en el sinfín de fábricas y talleres que existían por entonces en el partido.
No fue hasta 1949 en que tuvo un edificio propio en la esquina de Pueyrredón y Rivadavia. Ocupó la vieja casona que la administración británica del Ferrocarril había destinado al jefe de la playa de maniobras de Haedo, y que todavía se mantiene tenazmente en pie: La Beatríz. Sus habitaciones, subdivididas por tabiques de madera, se convirtieron en las aulas que alojaron el Ciclo Básico en el turno diurno y el Ciclo Técnico o Superior en el nocturno. Algo más tarde se montaron sobre el terreno adyacente dos hangares que habían servido en la Segunda Guerra Mundial, y allí se establecieron los talleres. El imponente edificio en que hoy funciona la escuela no sería construido hasta la década del sesenta.
Ayer se le puso un punto final a una historia de más de setenta años. Tuve el triste privilegio de ser el único profesor que estuvo presente cuando el director tuvo que comunicarles a los estudiantes de primer año que su curso se cerraba para siempre. Una disposición que no admite apelación ordenó el cierre progresivo de nuestro Bachillerato para adultos, un espacio que durante siete décadas les había ofrecido la posibilidad de obtener un título secundario de formación técnica. No quiero hablar del hueco que uno se lleva adentro. Tampoco aprovechar mi muro para repartir culpas, aunque nadie ignora que la educación técnica lleva ya varias décadas de altibajos y unos cuantos gobiernos mirando para otro lado. Voy a limitarme a repetir las palabras que me animé a decir delante de esos muchachos desconcertados que tuvieron que volverse a sus casas sin tener clase: que ese día va a ser recordado como uno de los días más tristes de la historia de nuestro querido Morón”.

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